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El equipo Jubany, haciendo rafting en Llavorsí

El equipo de Can Jubany somos como una gran familia. Nos encontramos cada día para trabajar duro, y es por eso que de vez en cuando nos gusta dejar los fogones, olvidarnos de las mesas y los platos y encontrarnos fuera del restaurante para disfrutar juntos de alguna experiencia lúdica. La última vez fue hace unos días, cuando nos fuimos todos juntos a vivir en primera persona la experiencia de hacer rafting por las aguas embravecidas del rio Noguera Pallaresa, en Llavorsí (Pallars Sobirà). Podéis ver cómo nos equipamos con el traje de neopreno, los cascos y las armillas salvavidas, cogimos un remo y nos repartimos por las barcas inflables. Para ser sinceros, mientras los guías monitores nos daban instrucciones, antes de empezar, parecía que sería muy difícil esto de ir todos a la vez, con los remos y todo el arsenal, esquivando rocas y rápidos para no volcar. Pero el grupo de Can Jubany jugábamos con una ventaja: la ventaja que somos un equipo, que estamos acostumbrados a trabajar juntos para un mismo objetivo, que sabemos ir a la una. Y si en la cocina lo conseguimos, también lo hicimos en las barcas. Reímos, gritamos y quedamos empapados, pero llegamos juntos a buen puerto... incluso los más pequeños de casa.

7 de julio, San Fermín

Esta semana nos hemos tomado un respiro y hemos decidido escaparnos unos días a Pamplona, para vivir en primera persona y en propia piel el ambiente único e incomparable de los San Fermines. ¡Y madre de Dios que ambiente! Nos invitó nuestro buen amigo Juan Maria Arzak, el chef del prestigioso restaurante Arzak de San Sebastián, y no lo pensamos dos veces. Xavi y yo mismo, acompañados de otro buen amigo, Carles Gaig, nos enfundamos en unos pantalones y una camisa blancos, nos atamos la faja roja y nos colgamos el pañuelo en el cuello. ¡Y hacia la calle Estafeta se ha dicho! Fiesta por la noche, buena comida de día y encierros a primera hora de la mañana. Os dejo una pequeña muestra en imágenes de nuestro paso por las fiestas de Pamplona. Pero, la pregunta de si corrimos delante de los toros o si sólo nos los miramos desde el otro lado de la verja, dejaré que la responda vuestra imaginación…

El huerto da sus primeros frutos

Hace ya unos meses que iniciamos el proyecto del huerto de Can Jubany, y ver como da los primeros frutos es muy gratificante. Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba el mundo de la horticultura, y desde que estoy en ello, me tiene maravillado. La sensación de bajar al huerto a recoger la lechuga que cenaremos, de subir a casa, limpiarlo, aliñarlo y, enseguida, comerlo, es fantástica. Y es igualmente bonito preparar los platos del restaurante con productos del huerto de casa, habiéndolos plantado y visto crecer, teniendo la certeza que serán deliciosos porque les hemos seguido el proceso de principio a final. De momento estamos recogiendo lechugas, escarolas, cebollas, zanahorias y remolacha entre otras hortalizas, tenemos a punto los pimientos, las berenjenas y los calabacines, y los tomates ya empiezan a madurar. Los niños disfrutan como nunca recogiendo fresas y comiéndoselas directamente, en el mismo huerto. Y nosotros nos embelesamos mirando lo bien que se lo pasan.

Jugando al golf solidario

¿Qué pasa cuando sacas una veintena de cocineros de sus cocinas y los juntas todos en un campo de golf? Pues que la calidad deportiva no está en absoluto garantizada, pero los chistes, las bromas y las ganas de reír fluyen por si mismas. Es exactamente lo que pasó el lunes en el club de golf de la Moraleja, en Madrid, dónde nos invitaron a disputar el segundo torneo solidario Chefs&Golf Copa Maserati. El objetivo era recaptar fondos para la fundación CODEPSA, que se destinarán a los desplazados de la República Democrática del Congo y concretamente a un proyecto muy necesario de atención a 1.261 personas de la ciudad de Goma, la mayoría mujeres y niños. El motivo lo valía, o sea que nos pusimos manos a la obra e intentamos, con más o menos éxito, hacer que las bolas entraran en los respectivos agujeros. Por suerte, y como es habitual en estos encuentros, el resultado del torneo putting-green era lo menos importante. Lo que contaba era reunirnos y hacer piña para la cena servida por Jesús Santos del Goizeko y la subasta solidaria, en la cual se adjudicaron cenas en los restaurantes de todos los cocineros participantes entre otros lotes. Al final se recaudaron más de 20.000 euros para el país africano: todo un éxito. Y ya os confieso que el torneo no lo gané yo.

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Pescando atún rojo en Cádiz

El martes estuve en Barbate, en la costa de Cádiz, en una expedición conjunta con una cincuentena de cocineros más. Nos había invitado Ángel León, del restaurante Aponiente del Puerto de Santa María, que hacía meses que organizaba este encuentro con la ayuda y colaboración del ayuntamiento de esta población costera y otros profesionales gastronómicos y pesqueros de la zona, que se volcaron con una amabilidad y generosidad impresionantes. El objetivo era embarcarnos en un barco para conocer en primera persona los secretos de la almadraba, un milenario arte de pesca del atún rojo que todavía se utiliza en Barbate. Por suerte el tiempo nos acompañó, y pudimos presenciar en directo lo que ellos llaman la levantá, el momento clave del proceso de pesca en el cual se levantan las redes y empieza una lucha casi cuerpo a cuerpo entre el hombre y el atún. Espectacular. Y después, claro, el resto del proceso, como el despiece del animal y, evidentemente, el arte de cocinarlo de mil formas distintas. Degustamos tradición y cultura. Y José Melero, el propietario del restaurante El Campero, nos demostró que el atún tiene miles de posibilidades. Comimos ventrisca al estilo japonés, atún encebollado típicamente gaditano, lomo en tataki, atún en adobo e incluso piruletas de hueva cargadas de semen. Increíble y para lamerse los dedos.

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